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Tatuadores por la Paz: uniendo tatuadores para apoyar a niños refugiados sirios en Trípoli

“Refugiar significa ofrecer resguardo, protección y apoyo a quienes huyen de situaciones de peligro, violencia o adversidad. Implica brindar un lugar seguro y acogedor, donde las personas puedan encontrar alivio y seguridad frente a las circunstancias que las han obligado a dejar sus hogares. Refugiar va más allá de proporcionar un espacio físico; es un acto de solidaridad y empatía, una respuesta humana que busca devolver dignidad, esperanza y un sentido de pertenencia a quienes han perdido casi todo.”

¡Estrenamos nuestra página web!

Estamos felices de presentar este nuevo espacio, donde, a través de este blog, queremos compartir con todos vosotros esta aventura, con sus sensaciones y frustraciones, todo lo que sentimos en el camino de intentar ayudar en un mundo que, cada vez parece más indiferente al dolor ajeno. Queremos que nos acompañéis que hagáis vuestras nuestras historias del día a día y que por supuesto os sintáis parte de este proyecto.

Nuestro primer campo: un mundo paralelo

Trípoli, es una ciudad caótica, desbordante llena de contrastes donde la pobreza y el olvido coexisten, muchos de sus habitantes son refugiados.

Aquel primer día en el campo, llegamos sin saber muy bien donde, con un simple propósito: ayudar. La calidez de las personas que encontramos contrastaba con la sensación de estar entrando en un mundo paralelo, donde las vidas de tantas personas se entrelazan en una lucha diaria por subsistir, sobrevivir a golpe de familia, de amor, y de recuerdos que son a la vez un refugio y un anhelo. Volver, era la palabra que más escuchábamos, poder volver.

Aquel primer campo fue una lección de vida, un recordatorio de cómo, aun en las circunstancias más difíciles, esas familias encuentran la manera de mantenerse unidas.

Desde entonces, hemos caminado junto a ellos, aprendiendo y compartiendo esa resiliencia que los sostiene.

Desde aquellos primeros pasos en Trípoli, hemos sido testigos de cómo cualquier cambio en el país, suponía un impacto profundo en sus vidas.  En 2019 vivimos la llamada «revolución del WhatsApp», una manifestación de esperanza para quienes ansiaban un cambio en el Líbano, un respiro frente a tantas dificultades, lamentablemente no fue así. Despues la crisis social y económica en el Líbano se agravó y eso fue devastador, finalmente la pandemia, hizo que estos campos se sumergieran en una precariedad aún más profunda.

“En estos campos de refugiados, donde el suelo es tu cama y tu techo unas lonas de plástico desgastadas, toda esa adversidad se siente a otro nivel”.

Conseguir comida, medicinas y el calor de una vida que cada vez parece más inalcanzable es su día a día.

Cada viaje nos recuerda lo importante que es continuar con nuestro compromiso y esfuerzo, porque en medio de todas estas crisis, cada acto de solidaridad y apoyo cuenta.

La educación es un derecho universal de todos los niños, algo fundamental que entendimos al visitar por primera vez uno de los campos en los que trabajamos actualmente. Al llegar nos dimos cuenta de que muchos de los niños, entre 2 y 14 años, no sabían leer ni escribir. Algunos asistían a una escuela cercana, aunque en horarios distintos a los alumnos libaneses, pero la realidad era que, aun así, no lograban o les dejaban aprender. Era evidente que algo más hacía falta para que estos niños tuvieran una verdadera oportunidad de educación.

Desde ese momento, sentimos la urgencia de actuar, de crear espacios donde pudieran aprender y crecer, construyendo las bases para un futuro que, sin educación, les sería inaccesible. Con cada clase que impartimos, buscamos que cada niño tenga la oportunidad de desarrollar su potencial, de tener una infancia digna y una oportunidad real de salir adelante.

Decidimos entonces dar un paso adelante y crear una pequeña escuela dentro del campo, un espacio dedicado a apoyar sus clases y a ofrecerles, con el tiempo, la posibilidad de aprender idiomas y desarrollar habilidades que pudieran abrirles las puertas a un futuro mejor. Construir esta escuela ha sido nuestro intento de darles las herramientas suficientes para enfrentarse a las dificultades y, sobre todo, de creer en un destino menos incierto y duro.

Nuestros lazos con las familias de este campo se han fortalecido profundamente con el tiempo. Cada visita, ha tejido una red de confianza y apoyo que ha crecido junto a nuestras ganas de extender esa ayuda a otras familias en otras comunidades. Con ese espíritu, conocimos y empezamos a impartir clases en otra pequeña comunidad en otra zona de Trípoli y, finalmente, hace unos meses, logramos abrir un centro educativo en un barrio extremadamente  precario también en la ciudad.

Este nuevo centro ha llegado como un rayo de esperanza para muchas familias que, en medio de la falta absoluta de ayudas, ven sus vidas volverse cada vez más duras. Nos esforzamos por ofrecer un espacio seguro donde los niños puedan aprender y construir un futuro menos incierto, porque creemos firmemente que, en medio de tantas dificultades, la educación es una de las herramientas más poderosas que podemos brindarles. Cada día nuevos alumnos llegan a nuestras aulas, seguimos adelante.

Después de todo este tiempo, cuando parece que las cosas no pueden empeorar, el aterrador conflicto en Gaza y ahora también en el Líbano, en definitiva en todo Oriente Próximo vuelve a ponernos a prueba, un nuevo reto al que no estamos dispuestos a renunciar. Hoy más que nunca, este proyecto cobra un sentido aún más profundo y urgente.

Nuestra misión sigue siendo ofrecer ayuda material a estas familias, pero también convertirnos en su voz a este lado privilegiado del planeta. Queremos que el mundo entienda la magnitud de su sufrimiento y la fortaleza con la que enfrentan cada día en condiciones impensables su vida. A pesar de las dificultades, continuaremos haciendo todo lo posible por sostener a quienes tanto lo necesitan, para recordarles que no están solos y que aún en medio de la adversidad, siempre hay quienes seguirán creyendo en un futuro mejor para ellos.

SOMOS TATUADORES POR LA PAZ

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